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NUESTRO RECOMENDADO "DOS METROS BAJO TIERRA" - NOVELA HIPERTEXTUAL DOS METROS BAJO TIERRA se ganó un espacio dentro de la Narrativa nacional, merced a los premios obtenidos y a la aceptación del público que la agotó en librerías, como una novela convencional. No obstante su gran mérito es el de ser LA PRIMERA NOVELA HIPERTEXTUAL DE LA LITERATURA COLOMBIANA Y UNA DE LAS PRIMERAS EN EL AMBITO LATINOAMERICANO. No fue escrita para ser leída linealmente. Sus ejes argumentales y la gran cantidad de vínculos de todo orden, como música, mitos, leyendas, estilos literarios, nuevas formas de decir, ciencia y tecnología, que componen cada capítulo obligan al lector a abordarla como una gigantesca búsqueda experimental en el hipertexto. En esta página tendrás la profundidad de leer y entender los primeros capítulos de esta nueva forma de narrar y de contar. |
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ACERCA DE DOS METROS BAJO TIERRA
ACERCA DE DOS METROS BAJO TIERRA PRESENTACION DE J. MARIO ARBELAEZ (Poeta Nadaista) (Poeta y escritor) Dos Metros Bajo Tierra es un verdadero sputnik poético, melódico y novelístico a los cielos insondables del mito donde habitan las pléyades, en la forma de una novela que renueva todo el lenguaje a que estamos acostumbrados en esta Colombia de la prosodia y el whisky con soda. Dos metros bajo tierra, es la concepción absolutamente genial de un periodista que se dedicó a convivir con la luna, y en sus noches de fiarra se le Ilenó el saco de la inspiración con sus experiencias vividas y comenzó a escribir esta malólroia picardía al reverso de los vales armados por los amigos. Mario Morales asciende con esta obra al Olimpo nadaísta por su rara manera de danZar entre Ifneas, de jugar con los ritmos interiores, de incrustar misteriosos signíficados que requerirían de una hermenéutica galáctica para desentrañarlos de veras, de formular una propuesta insólita para que la literatura empiece con pie bailartn el siglo XXI Por algo sítúa la punta de su compás en el más mago de todos los magos de la novela de todos los tiempos, en James Joyce, el autor de Ulises, después de arrancar del terraplén del Dostoievski que se acordaba del subsuelo en la Siberia de sus amores, y termina pidiendo pista en las discotecas doradas de Andrés Caicedo y declarando con afecto su deuda con el profeta que nos sacó de la patria boba y nos puso a bailar go-gó, el finado y reilnado Gonazaloarango que dos metros bajo tierra se debe estar bailando este misterioso gozoso. Mario Morales es una herencia de los años 60, esa década que ha durado trelnta años, y es un adelantado con su arte y con su sueño. Cada uno de los capítulos de esta obra es un disco cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en la barra. Si usted no tiene equipo de sonido en su casa, no se preocupe que con esta novela tendrá de sobra para oír todos los ritmos, y si no tiene pareja, tampoco se preocupe, que es un libro que se lee con la ricura de un coito. Lo aseguro en nombre de los maestros que han hecho grande la música y que con inspiración han puesto una hidroeléctrica en el cerebro de Mario Morales para que siga iluminándonos a medida que conquista premios. Esta novela no sólo merece el premio Pedro Gómez Valderrama, que era un verraco, sino que merecía el premio Oti. AI 1rn aparece el narrador perdido que buscaba Colombia. Perdido, pero a la manera de Barba-Jacob, es decir, ganado. De lo que nos estábamos perdiendo. (Escritor y crítico literario) Yo juego a la carta de Mario Morales por todas las razones que hay en los hallazgos felices de su novela inicial "Dos Metros Bajo Tierra". En sus treinta y cuatro cruciales años, lleva consigo el signo devoto de Dios del seminarista que tampoco se ha podido desprender del latín. Ello a pesar de ser un hombre con los arreos del ser dionislaco que le rinde culto al macho cabrio, a la música y a la fiesta Por esto mismo ha hecho todo lo necesario para lograr escribir, mas allá de su trabajo de periodista y de la necesidad de abrir un bar que le ha permitido captar una experiencia y de ese modo Ilegar a la realidad de la imaginación que se halla en la novela En estos elementos, se muestra al ser joyciano que hay en el autor, y que en la obra se convierte en la voz homocéntrica de este Sonero que define una a una tas dimensiones y sentido del texto. Asf reafirma que el único y verdadero personaje de las noveIas es el arquetipo a la manera de don quijote o de Stephen Dédalus. Por ello piensa que "amar es tener a alguien por quien morir". Por lo mismo las palabras en esta novela son la gran avantura, el escudo y la coraza, los mitos de quien se siente un guerrero del pasado o un hedonista del presente. De alli que el soliloquio del personaje, igual que desvarío maravilloso, sea en su libro primero innovación de un depositario del sentimiento y la cultura de su época Por ello su novela es el acto de celebración al cual el lector accede de verdad si sigue instrucciones como leer en voz alta, escuchar al mismo tiempo la música que cita y rodearse de toda la fantasfa de los mitos antiguos y modernos. Para entender esta novela hay que vivirla Es la manera de llegar a estos personajes, hombres y mujeres, como héroes míticos que viven detenidos en el tiempo de la memoria. En este sentido lo mejor es volver al libro, que suene la música-salsa, boleros y baladas- para que su bar exista cada que tomemos estas páginas. Ese bar es el centro de la noche, la celebración y la fiesta, el canto a la creacidn de la vida que imita el arte. Constituye la vuelta al origen del hombre dionisiaco anterior a la noción del pecado, del paraíso y del cielo. La fiesta fue primero porque ella significó que había vida De alli fluyen en forma de surtidores las palabras que se sienten en sus páginas con el inmenso caudal de la inspiración. Estas en si mismas se constituyen en la historia de cada uno de los seres de la noche. Ellas revelan unas vidas pasadas y presentes. Sin duda se trata de una novela hecha con el lenguaje, las palabras y Ias ilusiones de nuestro tiempo. Se vuelven múltiples juegos y malabares que transfortnan al lector en otro Sonero y después de la fiesta, le dejan la honda certeza del lenguaje como "caballo de batalla" de la creación literaria Por tanto debe nombrarlas para que su música de lugar a los juegos multicolores, a la melodfa y al baile. Y a la vez alli está lo particular como verdad, el hombre que es el lenguaje mismo, como sfntesis universal. Así crear es igual a celebrar y recrear las voces presentes y de muchos años, en medio de la noche sin ñn porque termina y empieza luego. El mito es pasado, conocimiento y cultura redivivos en el presente de la vívencia De este modo el arte se vuelve contemplación e imagen a tra.vés del lenguaje. Por todo esto, digo que en la mesa de apuestas que tambión es escribir, juego a la carta de Mario Morales. " Dos Metros Bajo Tierra" con la excelente edición de la Universidad Central, es su verdadero as frente al porvenir de la creación. Y yo pago. LO QUE DICEN LOS JURADOS Y CRITICOS EI jurado deI Premio Nacionat de Narrativa "Pedro Gómez Vatderrama" integrado par Rogelio Echavarría, Alonso Aristizá.bal y Huga Chaparro Valderra,ma, explicó en el acta de fallo las razones por las cuales se le otargó eI primer lugar a la novela "DOS METROS BAJO TIERRA": "Esta obra tiene como característica su busqueda experimental en la narrativa, y un gran dominio deI Ienguaje creativo contemporáneo, además de ser evidente el oficio de un escritor imaginativo y de invención renovadora" . Para su parte eI Jurado del premio Nacional "Ciudad de Pereira" señaló en el acta: "Se trata de una narración de corte maderno, vigarosa y novedosa, capaz de sostener viva la atención deI Iector gracias al hurmor inteligente y de buena ley, y a su originalidad en el diseño y andadura. Notables la forma de la escritura y el fondo de la novela rica en temas y matices" . ADVERTENCIA NECESARIA El Autor recomienda que cada capítulo sea leído en voz alta en acompañamiento con los temas musicales sugeridos a través de los versos que aparecen entre puntos suspensivos, contrastados con los mitos antiguos y modernos que sustentan la narración, de acuerdo a los hipervínculos resaltados durante el Capítulo. Tic-tac. Estoy de prisa. Miro la noche que ha caído ruidosa y embustera. No es momento para estar perdido por estas frías calles. Huyo del boset. Escapo de la vergüenza. Tierra y aire. Tierraire. Elemento de doble personalidad. Una vida y dos presencias. Camino hacia el norte y luego al occidente, me desoriento. Algo dentro de mí se está gestando. Soy fuego, sé que me quemo por dentro. Chispas que me salpican por dentro, que me pican con sal y arden. Me guía un perro con cara délfica, un perro que se cruzó en mi camino. Perro hermético, perro volador, ataviado con un curioso sombrero de ala ancha y sandalias orladas con más alas, sandalias aladas con orlas; arrastra un collar que termina en una empuñadura con forma de bastón de heraldo en cuya extremo se asoman dos cabezas de serpientes talladas, dos tallas con cabezas asomadas. A lo lejos se oye un rumor, una lira que se tensa, una lira caliente cuyo sonido trato de imitar con mis dedos ágiles. Lira que delira. Bulira. Me estorba el panal con el que me cubro de las luces de mercurio, de las luces planetarias, representadas en bombillitos de bajo vatiaje. Hay relojes por todas partes. Relojes que recuerdan la prisa. Relojes que marcan el paso. Marcapasos. Aquí dentro hay un corazón que se agita. Una coraza que tremola con razón. Un enjambre de mi raza que tiembla cuando veo otra vez la oscuridad radiante, la misma puertecita, a manera de bocatoma, de escalera de incendios, de rampa mimetizada que conduce a un corredor secreto, de tapa de alcantarilla, de trampa de conejos y de incautos, de respiradero volcánico con apariencia natural, a la que nuevamente vuelvo a acceder de manera inexorable, incontrovertible, con un gesto que es una mueca, una mixtura, un menjurge en el que hay tanto del sentimiento del condenado al patíbulo como del galardonado al podio. Kur-nu-gia para el sediento, para el ávido, para el osado. Vuelvo al tiempo de los sueños, al período primigenio, en el que el canto fue la arcilla, el barro y el soplo. Desciendo, no, me sumerjo en la atmósfera que flota sobre los eslabones, sobre los escalones encadenados, asido de las cadenas eslabonadas, embarandadas, sintiendo bajo mis plantas una parte de mí mismo; hollando con mis pies, tierra que anda, la materia prima, la materia hermana que poco a poco me va rodeando como una atmósfera y me va encerrando como un anillo. Está oscuro. Me valgo de los ojos que tengo en los empeines para orientarme. Vientos alisios a mi espalda, señal de buenos vientos, que sacuden mi capa blanca y mi bufanda de seda gris y mi boina negra y mi impermeable azabache y mi pantalón de paño, color ratón. Alguien sale a mi encuentro o al encuentro de su aebolo; con él se queda el gabán. Miro mi reloj fosforescente, fluorescente, incandescente. Me sorprendo ante el redondel prendido que parece apagado: sólo han transcurrido unos segundos eternos. Un paso más. Nada. Otro. Silencio. A mi alrededor no queda más que el zumbido de la brisa que eriza, de las ventosidades exteriores. Alguien más, ojos de gato, me saluda sonriente y se lleva mi boina. No sé si la volveré a ver. A la muchacha sonriente con iris felinos en forma de arco, que no vi, que adiviné. Me aliso el cabello que otro alisio se encarga de agitar. Un botones con un vestido blanco reluciente y sin botones llega a recibirme. Es extraño, no anuncié mi venida. Me saluda cortésmente golpeándome la caparazón que da forma a mi espalda. Con agilidad me desprende la capa y me da la razón. Se adelanta. Desciendo dos escalones que no veo. Ahora es un portero el que se me acerca, apuntándome con su linterna de rayos láser de tercera categoría. Levanto las manos. Imhotep. Conjuga el verbo esculcar en busca del contrabando semillas, hijas de Sem, de abonos, de pesticidas no autorizados, de riegos no permitidos. Tiembla de frío, le dejo mi gabán. Agradece. A unos cuantos metros está la rendijita amarilla brillante que separa la horizontalidad de la verticalidad con un ángulo de noventa grados. Como un atleta en la recta final miro desesperadamente la cintilla rutilante, voy en su búsqueda. Se interpone una mano amistosa de Patalcius, que yo aprieto con estrechez; con la otra mano se apodera del impermeable y me acerca a la ventanilla de pagos para sospechosos. La fichera del cover es conocida. La saludo y ella tirita por culpa del escaso abrigo que le prodiga la tirita de tela que hace las veces de minifalda. Prometo traerle un trago, mientras miro sus piernas casi totalmente descubiertas y erizadas por el frío de la noche. En un acto reflejo, que veo inadvertidamente en el vidrio de la taquilla, me deshago de mi bufanda de lana con la intención de cubrirle los muslos; ella adivina la buena y la mala intención y acepta sólo la primera capturando en el aire el trasunto de ovejita fea y por lo tanto virgen. En torno a la puerta hay aluvión de gentes que entran o salen; el portero diligente, se dirige en alta voz hacia su gente pidiendo orden. Los invitados y los que no lo son reclaman libertad. Finalmente todos ellos, en medio de la fraternidad, deciden hacer fila. Entramos de a dos y de a tres. Hábilmente el portero me entrega una ficha, le entrego el paraguas. Atravieso el dintel en el mismo momento en que otros han decidido hacerlo. Pujo. Plugo. El chaleco y la camisa se quedan atascados allá en el fondo del remolino, halo con fuerza, los botones protestan y salen de órbita. Me deshago del débil chaleco, me alegro de tener una camisa de fuerza. Ahí estoy. Adentro. ...Cuero na' má'... Encandilado, cerrando los ojos a la escasa luz que resulta excesiva para la oscuridad que me precedía. Veo siluetas, sombras chinescas y adultas, quizás adúlteras. Hay un pequeño silencio coincidente, por el que me detengo en medio de un reflector incidente. Abro los ojos nuevamente. De un baulito negro instalado en la parte superior de la pared adyacente a la puerta, parten sonidos bestiales. Cuero duro y palito chiquito. Percute, percusiona. Sonido percuciente que hiere el oído al primer contacto. Sonidos agudos y graves sobre el cuero de chivo, sobre el cuero de vaca. Ritmo primigenio. Goce escatológico. El abuelo negro. Paso al piano. cuerdas metálicas heridas. Armónica grandilocuente. Sonidos claros y brillantes. Descarga. El abuelo blanco. Se funden, se entrelazan, timbal y piano. Percusión sonora y sonera. ...Cuero na' má'... El lugar está caliente. Aire denso, pesado. Soy Charles Atlas, a todo color y con portada dura. Doy impresión de calidad; eso creo. Detrás de las nubes de humo se ven lucecitas que miran como ojos y que brillan como tratadas por un detergente nuevo en el mercado llamado La Scivia, ciudad italiana, creo, o fábrica o apellido. ...Cuero na' má'... Desciendo dos escalones más y estoy en una de las cuatro esquinas irregulares e indefinidas. Veo borroso. Presunción. Asumo que debe haber mucha gente por la cantidad de voces y por el ruido de la música que sale a borbotones por los parlantes deshilachados. Simulo una sonrisa de agrado. Contemporizo. Just-arrived, extraño para el nuevo mundo que viejos conquistadores han comenzado a construir en esta noche secreta, noche ardiente, noche para iniciados. Con los labios a flor de sonrisa busco mi aceptación en el club, mi inclusión en la secta, mi inscripción en el clan. Sé que es tarde. Condena. No me determinan. No me miran. Con angustia busco rostros conocidos, rastros familiares. La masa dicta su sentencia: Indiferencia. Camino y ahí está la pequeña barra, los ladrillos color tolete y la plataforma en granito, cubierta por una rejilla en madera, de la que penden souvenires y augures, que casi nadie mira por observar las parejas danzantes que se contorsionan en medio del calor. ...Cuero na' má'... Un carrusel girante bajo el cielo raso, que con su simplicidad denuncia que soporta el peso de la soledad azul del universo, más perceptible entre la oscuridad a medias de estas cuatro paredes manchadas con rezagos de cuadros y de ladrillos que no dejan descansar la vista. Polución ambiental. Arte abstracto sobre el frío concreto o al revés. Manet junto al Ché descolorizado y pálido por el uso y por el abuso. El sombrero debajo del cual alguna vez hubo de estar Chaplin o su reemplazo. El letrerito vulgar que anuncia, primer aviso, el baño de señoritas. Ese baño permanece vacío. ...Cuero na' má'... Camino rumbo a la rumba, al paraíso de cristal donde todo es redondo porque todo gira. Llego a la puerta de cristal y toco la campana de cristal y me presento ante el dueño, que es mi amigo, con sus gafas de cristal, rodeado de siete de sus amigos que me saludan con frío de cristal y que me brindan un trago ardiente en un cristal barato que yo rechazo cortésmente. Hay un enorme silencio en medio del ruido gigantesco. Sus amigos me examinan con ojos de juez parcializado. Me acercan a una banca, me invitan a sentarme, me siento, ellos indiferentes forman su grupito, cerrado. Rebus inest velut orbis. Me quedo aquí sólo, bajo una mortecina luz verdosa, en este falso pedestal, como un vestido colgado de un gancho, colgancho, en una vitrina improvisada. ...Cuero na' má'... Desde aquí alcanzo a divisar una foto común y un nombre que no lo es: R. Ray. Hay una cruz bajo la última letra: gestor del olvido. Hago el ademán de levantarme pero el dueño, que es más que un amigo, un hermano, un cómplice, me pide con voz de ruego rayana en la súplica, con ojos de estatua medieval y respiración desasosegada, que me haga cargo de todo; lo miro con intención de negarme, pero sus siete amigos, lo separan, se lo llevan casi a rastras hacia la oscuridad del pasadizo que conduce a la salida o a la entrada, dependiendo de la hora y de la dirección y de las intenciones; y me dejan ahí, en esa urna, en esa celda de cristal de dos por dos que es un cuatro, que es un cuarto, que es una limitación a la libre expresión, a la libre locomoción, a la libre expansión del universo, y antes de volverme a sentar en mi claustro me asaltan las alucinaciones de Fobo con una pizca de los complejos de Deimos sazonados con las taras de Pan, mezcla mental que de sólo imaginarla me obliga a saltar sobre mi propio eje en busca de la salida en el preciso momento en que llega el administrador con cara de Karl , con cara que mira con despecho, que observa con desprecio las caras ajenas maquilladas, mimetizadas en sonrisas aprendidas o imitadas, y me dice que debo autorizar un pedido y un vale de caja menor y unas joyas empeñadas en ser nuestras y no de su dueño real, y no me permite contradecirlo y me deja los papeles no sin antes señalarme la consola y la colmena con sus centenares de celdas donde habita la miel de la música hecha por obreros para reyes con buen oído y zánganos con suerte, y después llegan dos meseros en busca de un Salomón para que decida el futuro de una propina recién nacida y cuando anuncio su partición, uno está de acuerdo y el otro no, la quiere para él solo, sin pensarlo se la entrego a este último con la esperanza de pasar a la historia. Llega el barman a decirme que se acabó el vodka en la boca de los consumidores exigentes y que hay que ir a la bodega por más y estoy a punto de gritar y de romperme la cabeza contra los cristales de quarzo semisolidificado. Vuelve el barman, ¿o es la barman? No lo sé, nunca lo supe; voz gruesa, cara agradable, cuerpo masculino, cabello largo, modales bruscos. Se quedó en el punto de las indefiniciones, en la frontera de la ilegalidad, al margen de las categorizaciones, en la nebulosa de la asexualidad. Llega con un vaso transparente como el agua pero de fuerte olor alcohólico neutralizado por una ramita de olivo o de siguaraya. Lo, la miro. No puedo navegar en las aguas tibias; sumerjo mi mirada en la pista soleada por las quince estrellas que nos dan luz y calor desde el cielorraso, en busca, de montes y valles, de cráteres y relieves humanos que marquen claramente los límites de las definiciones. ...Cuero na' má'... Através de los cristales de mi alta torre descubro en lontananza, la aparición en escena, como tras de un velo que se descorre, de la Pomona de mis sueños de novel seductor, de la mujer alta y musculada que durante meses aceleró mi ralentí, la que hizo bajar mis niveles de aceite arterial, la que a mi lado o ante mi vista alteró la mezcla simpática de mi respiración, mi jadear arrítmico ante sus ojos de jade, ante su busto erguido y bien pronunciado con be grande, be de bulto, be de bomba, be de bella; ante su cuello oloroso que le sirve de bastidor a la traquea larga y ceñida a la piel morena que delata sus lares y esconde sus lunares; ante su boca perfecta al imitar un beso o predecir un bostezo, ante su cabello largo, amarillo, pardo, castaño, cobrizo, brillante, sedoso y lacio, ante sus caderas descomunales que van mucho más allá del noventa y de su cintura diminuta muy por debajo del sesenta, ante sus piernas exuberantes de bailarina del agua, de patinadora de la vida, de deportista de la noche. Mesera, acomodadora, coctelera, doncella, Pronuba, celestina, administradora, mujer orquesta en aquel sitio sin nombre, sin América. Mujer ida, Atalanta osada, perseguida, odiada y admirada, huidiza e intocable, de movimientos tan ágiles que dejaba la sensación de que la cinta de su vida tenía menos de veinticuatro cuadros cada segundo. Un carro, una cara seductora y un caudal de joyas la hicieron detenerse en su loca carrera de la vida. Desde entonces tuvo dueño y extravió el tiempo, desde entonces no la veía, hasta esta noche en que la observo acercarse con su vestido blanco y rojizo con pintas negras y redondas. ...Cuero na' má'... Llega, me mira sin dolor, sin extrañeza, como si no le importase. Su indiferencia me duele pero lo oculto. Antes de que pueda reaccionar, acudo al truco del dueño, que es para mí más que un amigo, casi un verdugo, y la dejo encargada de todo, por lo menos por un rato, mientras yo vuelvo a la vida que apenas comienza, la vida que apenas se inicia en los espacios en los que combaten las tinieblas de la nada musical y de la luz estereofónica. Salgo, salto, me zambullo en la otra irrealidad. ...Cuero na' má'... Qui bene latuit, bene vixit. El descenso es la metáfora de la vida a través de la interpretación de algunos de los mitos de la antigüedad, centralizados en el Mito de Inanna que busca explicar como el de la teoría cíclica del renacimiento de la naturaleza que una parte del año está sobre la superficie y otra bajo ella. Está la tercera parte del tiempo (ocho horas en este caso, la tercera parte del día) en el mundo subterráneo, para volver renovado al mundo de la superficie. Este mito y este capítulo guardan relación con mitos griegos y latinos como el de Amfiarao, Adonis, Afrodita, Perséfone (Proserpina en la mitología romana) Demeter y El Laberinto , entre otros. Deidad sumeria de la fertilidad y del amor. Su descenso es la versión más antigua del mito universal sobre el viaje de las almas de la tierra de los vivos a la de los muertos. En este primer capítulo evidentemente se juega a trastocar esa base, dejando ver que se trata realmente del descenso del mundo de los "muertos en vida" al de la vitalidad que está dos metros bajo tierra, y que permitirá remozar a quien descienda para soportar el tiempo que deba permanecer nuevamente sobre la superficie. Inanna quería visitar ese mundo subterráneo y el deseo se convirtió en obsesión que se puede explicar pro su intención de medir fuerzas con su hermana Ereshkigal, señora de la muerte que habitaba en las profundidades. Inanna vistió sus mejores galas y las puertas de la tierra del no retorno le dijeron que sólo podía pasar si se quitaba una prenda o adorno en cada uno de los siete portales que encontraría. Aceptó y se presentó casi desnuda ante su hermana y sus siete jueces. Inanna ocupó el trono de Ereshkigal, pero fue condenada a muerte y la colgaron de un gancho donde se puso verde de la putrefacción. Enki, dios del agua, proporcionó agua y la hierba de la vida para revivir a Inanna que pudo salir de las profundidades con el compromiso de llevar hasta allá un sustituto, no lo encontró hasta que llegó hasta donde su esposo Dumuzi que no parecía preocupado pro su desaprición. Así que Inanna lo nombrara sustituto, al tiempo que permitió que su otra hermana Geshtinanna, la diosa del vino (su nombre significa la parra frondosa) lo acompañara seis meses y Dumuzi estaba a cargo de elaborar cerveza, por lo que la desaparición alterna de Geshtinanna y Dumuzi alude al ciclo de elaboración de estas dos bebidas espirituosas. En la mitología griega, seres introducidos en el mundo subterráneo sin morir. En la mitología griega, hermoso joven amado por las diosas Afrodita y Perséfone. Nacido de la unión incestuosa del rey Cíniras de Chipre y de su hija, Adonis fue puesto bajo la custodia de Perséfone, reina del mundo subterráneo. Cuando Adonis murió al ser atacado por un jabalí salvaje al que cazaba, Afrodita imploró al dios Zeus que se lo devolviese. Zeus decretó que Adonis pasaría los meses invernales con Perséfone en el Hades y los estivales con Afrodita. La historia de su muerte y resurrección es símbolo del ciclo natural de la muerte y el renacimiento. En la mitología griega, diosa del amor y la belleza, equivalente a la Venus romana. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione, una de sus consortes, pero en leyendas posteriores se la describe brotando de la espuma del mar y su nombre puede traducirse como 'nacida de la espuma'. En la leyenda homérica, Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis. En la mitología griega, hija de Zeus, padre de los dioses, y de Deméter, diosa de la tierra y de la agricultura. Hades, dios del mundo inferior, se enamoró de Perséfone y quiso casarse con ella. Aunque Zeus dio su consentimiento, Deméter era contraria a la boda. Entonces, Hades atrapó a la muchacha mientras estaba recogiendo flores y la llevó a su reino. Cuando salió en busca de su hija perdida, Deméter quedó desolada. Murieron todas las plantas y el hambre devastó la tierra. Por este motivo, Zeus envió a Hermes, mensajero de los dioses, para que recuperara a Perséfone y la devolviera a su madre. Antes de dejarla ir, Hades le pidió que comiera un grano de granada, el alimento de los muertos. De esta manera, se vio obligada a volver al submundo y permanecer allí durante la tercera parte de cada año. Como diosa de los muertos y como diosa de la fertilidad de la tierra, Perséfone era la personificación de la renovación de la tierra en primavera. Los misterios eleusinos se celebraban en su honor y en el de su madre. Proserpina era la equivalente latina de Perséfone. En la mitología griega, diosa de los granos y de las cosechas, hija de los titanes Cronos y Rea. Cuando su hija Perséfone fue raptada por Hades, dios del mundo subterráneo, el dolor de Deméter fue tan grande que descuidó la tierra; no crecieron plantas y el hambre devastó el universo. Consternado ante esta situación, Zeus, el regidor del mundo, pidió a su hermano Hades que devolviese Perséfone a su madre. Hades asintió, pero antes de liberar a la muchacha hizo que ésta comiese algunas semillas de granada que la obligarían a volver con él durante cuatro meses al año. Feliz de reunirse de nuevo con su hija, Deméter hizo que la tierra produjese flores primaverales y abundantes frutos y cereales para las cosechas. Sin embargo, su dolor retornaba cada otoño cuando Perséfone tenía que volver al mundo subterráneo. La desolación del invierno y la muerte de la vegetación eran consideradas como la manifestación anual del dolor de Deméter cuando le arrebataban a su hija. Deméter y Perséfone eran veneradas en los ritos de los misterios de Eleusis. El culto se extendió de Sicilia a Roma, donde se veneraba a estas diosas como Ceres y Proserpina. En la mitología griega, edificio compuesto por pasadizos y habitaciones intrincadas, ideado para confundir a quien entre e impedir que encuentre la salida. Entre los laberintos más famosos de la antigüedad destaca el de Creta, una fantasía derivada, con toda probabilidad, de la complicada planta del palacio de Cnosos. Según la mitología griega, Dédalo construyó este laberinto para encerrar al Minotauro, una bestia sanguinaria con cuerpo humano y cabeza de toro. En la mitología griega, el arquitecto e inventor que diseñó para el rey Minos de Creta el laberinto en el que fue aprisionado el Minotauro, un monstruo comedor de hombres que era mitad hombre y mitad toro. El laberinto fue tan hábilmente diseñado que nadie podía escapar de ese espacio intrincado o del Minotauro. Dédalo reveló el secreto del laberinto sólo a Ariadna, hija de Minos, y ella ayudó a su amante, el héroe ateniense Teseo, a matar al monstruo y escapar. Encolerizado por la fuga, Minos encarceló a Dédalo y a su hijo Ícaro en el laberinto. Aunque los prisioneros no podían encontrar la salida, Dédalo fabricó alas de cera para que ambos pudieran salir volando del laberinto. Ícaro, sin embargo, voló demasiado cerca del sol; sus alas se derritieron y cayó al mar. Dédalo voló hasta Sicilia, donde fue recibido por el rey Cócalo. Minos persiguió después a Dédalo pero las hijas de Cócalo lo mataron. Para la antigüedad, un dios pagano cuyo nombre repugna pronunciar. Oprobio. Vergonzoso. En clara alusión a Argos y a su perro. Argos era un gigante de cien ojos (también llamado Panoptes) que fue designado por la diosa Hera, mujer de Zeus, para custodiar a Ío, de la que tenía celos. Zeus, que favorecía a su amante Ío, la convirtió en vaca para protegerla de Hera. Enviado por Zeus para rescatar a Ío, el dios Hermes hizo mediante el recurso de la música que Argo cerrase sus ojos para dormirse y luego lo mató cortándole la cabeza. En una versión de esta historia, Argo se transformó a continuación en un pavo real; en otra, Hera trasplantó sus ojos a la cola del pavo real. Argo era también el nombre del constructor de Argo, la nave que llevó al héroe griego Jasón en su búsqueda del vellocino de oro También conocido por el nombre de Argo fue el viejo perro de Odiseo, jefe griego durante la guerra de Troya. Cuando su amo volvió a Ítaca después de 19 años, Argo lo reconoció y murió inmediatamente. En la antigua Grecia, tierra del no retorno. Un sitio seco y polvoriento con aguas dulces subterráneas (Apsú). En la mitología griega, moneda que cobraba Caronte por cruzar La Estige. En la mitología griega, hijo de la Noche y de Erebo, que personificaba la oscuridad bajo la tierra a través de la cual las almas de los muertos iban hacia la morada del Hades, el dios de la muerte. Caronte era el viejo barquero que transportaba las almas de los muertos por la laguna Estigia hasta las puertas del mundo subterráneo. Admitía en su barca sólo a las almas de aquellos que habían recibido los ritos sepulcrales y cuyo paso había sido pagado con un óbolo colocado bajo la lengua del cadáver. Aquellos que no habían sido sepultados y a quienes Caronte no admitía en su barca eran condenados a esperar junto a la laguna Estigia durante 100 años. Sabio egipcio. Conocedor de la medicina, la astronomía y la arquitectura. Su nombre significa literalmente "El que viene en son de paz". En la antigua Grecia, el que abre. Título y tema de una canción del folclor afrocaribeño que compuso e interpreta, para la versión del primer capítulo, José Mangual Junior ,donde muestra la versatilidad del timbal que abre la pieza y luego se detiene para dar paso a la tradicional clave y permitir el acceso furioso del piano, que se alternará nuevamente (como en el mito de Inanna) con la presencia del timbal; en esa "lucha" entre percusión y teclados ( aunque el piano en sí mismo es considerado como un instrumento de percusión) que en los temas salseros se complementa recreando al europeo y al afroamericano, el abuelo negro y el abuelo blanco. El tema es básicamente orquestal con coros que repiten a intervalos esa frase que es como una consigna: "...Cuero na' má´...." Ir al tema musical En latín. Las cosas se moverán como un círculo. En la antigua mitología griega considerada como deidad menor. Simboliza el terror. Acompañaba siempre en la batalla a Ares, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. En la antigua mitología griega considerada como deidad menor. Simboliza el temor. Acompañaba siempre en la batalla a Ares, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Deidad griega de la agricultura. Significa que alimenta. También era responsable de la fertilidad de los rebaños. Su voluptuosidad era legendaria y se dirigía sobre todo a las ninfas. Aunque por lo general era festivo su carácter contenía una vena irritable capaz de trastocar la serenidad de la vida rural, despertando en hombres y animales un temor súbito e infundado. De allí la palabra pánico. En la mitología germáncia. Hombre fornido. En la antigua Grecia, la bella repartidora de frutos. En la antigua Grecia, la guiadora de las novias. En mitología griega, cazadora osada, veloz. Si se casaba sería infeliz por lo que retaba a sus pretendientes a una carrera y si perdían les quitaba la vida.. Hipómenes ganó la carrera porque en el camino dejó caer tres manzanas de oro y Atalanta perdió tiempo por detenerse a recogerlas. Como Hipómenes olvido dar las gracias a Afrodita, diosa del amor, por haberle dejado las manzanas, como castigo la deidad convirtió a la pareja en leopardos. Los antiguos griegos creían que estos animales no se unían entre sí. En latín, frase atribuida a Sócrates. El que quiera vivir bien, que viva lejos de todo. Nacido en el "Barrio hispano" de Nueva York en 1948. Hijo del afamado percusionista José Mangual.. El joven José tocó con grupos de renombre como el de Monguito y luego con Willie Colón y Héctor Lavoe. Hasta 1977 cuando lanzó su "Homenaje a Chano Pozo" y se destacó como cantante. Hoy es productor, graba y viaja con su propia orquesta y es intérprete y corista de grandes artistas como Celia Cruz, Rubén Blades y Wilie Colón. Dos metros bajo Tierra es una novela que nació bendecida. Ganó en 1995 el primer premio del Concurso Nacional de Narrativa Pedro Gómez Valderrama. Ese mismo año obtuvo un segundo premio en el concurso Nacional de Novela Ciudad de Pereira. El segundo capítulo previamente había resultado finalista en el Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra 1995 y Otro de su capítulos también había obtenido la distinción de finalista en el Concurso Nacional de Cuentos Prensa Nueva de Ibagué. Su primera edición se agotó completamente en librerías. Mario Enrique Morales nació en una ciudad Imaginaria que él describe como Bogocali. Una mezcla de las dos ciudades que más ama Bogotá y Cali. Hijo de la generación del "Tate quieto", del boom salsero y del repertorio tradicional cubano ha dedicado catorce años de su vida al periodismo, el mismo tiempo que ha intentado dejarlo. Es Catedrático Universitario, libretista y creativo de Televisión. Ha obtenido premios y reconocimientos en los Concursos nacionales Pedro Gómez Valderrama de Narrativa, Ciudad de Pereira de Novela, Carlos Castro Saavedra de Cuento y Prensa Nueva de relato corto. En 1999 Obtuvo mención de honor con su obra "Camino al barrio" en el Premio Casa de las Américas, de La Habana, Cuba Aquí transcribimos sus breves palabras con motivo del lanzamiento de Dos Metros Bajo tierra. Ellas hablan por sí solas. "Han pasado mas de veinte años desde la época aquella en que tuve que decidir con un balón en una mano y la guerra y la paz de Tolstoi en la otra, entre el fútbol y la literatura. Abría los ojos a la adolescencia y entre las lecturas de las novelas prohibidas de Vargas Vila y José Luis Martín Vigil y las obras majestuosas de la literatura rusa no me decidia entonces entre "El Lobo Estepario" y el lobo Zagalo; no sabía si imitar a Guimaraes y Guiraldes cuando los confrontaba con Jairzinho y Rivelino; adquirí "El Túnel" de Sábato pensando que me llevaría a espiar el vestuario de la selección argentina; confundía con facilidad los términos. No sabia cuando debía decir foul y penalty y cuando "Crimen y Castigo". jugaba fenomenal pensando en Marcel Proust, cuando faltaban cinco minutos para terminar el partido y presionábamos al rival "En Busca del Tiempo Perdido". en una final, que perdimos, en un barrio al sur de Bogotá, sentí lo que Thomas Mann en "La Muerte en Venecia". inspirados en Virginia Wolf nos animábamos en las tribunas haciendo "Las Olas". gracias a las teorías de Jung y de Freud ganamos varios juegos desde el camerino. era un joven que tenia "La Peste" de Camus y me sentía como "El Extranjero" en la vida ordinaria hoy, en vez de un trofeo ampuloso y rutilante, tengo el lomo suave y fiel de un libro entre mis manos. En vez de un contrato millonario tengo los derechos reservados de autor. Un sueño demasiado bello para ser real. espero tener muchos hinchas con esta nueva divisa y solo acierto a decir gracias, gracias al Dios de cielo por su inenarrable grandeza, gracias a los míos por su paciencia, gracias a los que ya no están, al inalcanzable Joyce , al profundisimo Kafka, al espiritual Hesse, al dolorosísimo Dovstoievski, al mago Huidobro, al humanista Vallejo, al impredecible Cabrera Infante, al poeta eterno Neruda, al inolvidable profeta del arte nuevo Gonzalo Arango, al siempre joven Nadaísmo, al inmortal Andrés Caicedo; gracias a los libros que leí, gracias a la palabra y gracias a Dos Metros Bajo Tierra esta ambiciosa novela que sueña con ser comprendida plenamente algún día. y es inevitable recordarlos porque de alguna manera ellos han vuelto o nunca se han ido de nuestras prosas y de nuestros versos a través del dialogo de todos los días: gracias a la literatura, la más interior de todas las artes; de alguna manera ellos son culpables de que esté aquí mirando desde el primer escalón la hermosa y por lo mismo dolorosa escalera, al final de la cual se divisan la belleza, el arte y la bondad de Dios. Cabe aquí también el reconocimiento para la música, para la salsa, la siempreviva, porque cuando nosotros ya no estemos, nuestros hijos y aun los hijos de nuestros hijos seguirán siendo salseros. Al decir gracias también a todos los presentes solo quiero reafirmar mi voluntad inquebrantable de convertirme en un buen artista y en buen escritor algún día, para que la esperanza no muera, para que armados de la ardiente paciencia de Rimbaud conquistemos las espléndidas ciudades, para que los esfuerzos no sean inútiles, para que la dignidad, la honestidad y la vida no se marchiten, solo entonces podremos entender y creer, como Neruda, que el arte, la poesía, la música y la novela no habrán cantado en vano. Gracias y que Dios los bendiga". MARIO MORALES.
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